Santa Criz de Eslava
La necrópolis cívica

La necrópolis cívica

Espejo y reflejo de la ciudad de los vivos, la necrópolis resume de forma estándar la evolución cronológica de la ciuitas de Santa Criz. Ésta, existente como oppidum prerromano desde el siglo V/IV a. C., adoptaría la apariencia cívica en el cambio de Era para, probablemente, promocionar al estatuto municipal a finales del siglo I d. C., en época del emperador Vespasiano. Los restos conservados de dicha necrópolis, ubicada al sur de la ciudad y separada del núcleo urbano, evocan la riqueza y los nombres –los Calpurnii, Aemilia Vafra, Picula…– de los protagonistas de tan azarosa como apasionante Historia.

Excavada a finales de los años 90 y ocupando una superficie de más de 2000 m2 la necrópolis discurre al pie de una uia sepulchralis y se articula en torno a enterramientos de diverso tipo, desde monumentos magníficos de tipo dinástico –embellecidos con estatuas y aparato decorativo de diverso signo– hasta fosas, sepulturas a cielo abierto o monumentos exentos como estelas o altares.

Fragmento escutórico

Tras 2000 años in situ aun sobrecogen los grandes monumenta –con basamento de arenisca el central y en mampostería los dos a los lados– que, portando inscripción, mostrarían el potencial de las familias o individuos a quienes pertenecían. El hallazgo en la zona de numerosos modillones ornamentales en piedra decorados con motivos vegetales y astrales permite pensar que los altares monumentales con puluini fueron el tipo sepulcral de más éxito en la zona.

Las ofrendas y ajuares hallados en las sepulturas, todas de incineración, y que incluyen semillas, fragmentos cerámicos, dados y otros objetos de uso cotidiano permiten, además, recrear las costumbres funerarias de entre los siglos I y IV d. C. en que este espacio estuvo en uso.

Urna cineraria y restos de cremaciónCarbones

El intenso poblamiento rural atestiguado en la zona para la época romana –y que contaba con uillae (fincas de explotación agropecuaria) y uici (aldeas)– nos ha legado también, en la propia Eslava o en la vecina localidad de Gallipienzo, restos de inscripciones o de monumenta dinásticos semejantes a los que pueden verse hoy en la necrópolis de Santa Criz, prácticamente la única conservada in situ en la Navarra romana.