Santa Criz de Eslava
Civitas de Santa Criz de Eslava

La Civitas / La Vida

Frente a restos poco relevantes de ocupaciones esporádicas durante la llamada Edad del Bronce, un recinto doblemente amurallado da fe de que, en la cúspide del cerro, se instaló una población estable durante la Edad de Hierro. La doble muralla con probable foso habla de momentos de inseguridad. Los restos arqueológicos de la época parecen reflejar un momento de concentración de la población en lugares fácilmente defendibles. En Santa Criz se delimitan bien la rampa de acceso, la zona de viviendas de planta rectangular, adosadas a la muralla con paramento de sillarejo y un espacio interpretado como plaza-redil. Entre 6.000 y 7.000m2 se calculan para esta primera ocupación sin contar la rampa de acceso ni el supuesto redil. Esta población debió abandonar paulatina y pacíficamente sus viviendas ya que no hay señales de incendios o destrucción.

En época pre-imperial, el lugar debió permanecer como oppida romanizado. ¿Qué indicios hay de esta transición pacífica? El primer indicio es la ausencia de los niveles de destrucción, patentes en otros yacimientos similares. Otra muestra de convivencia pacífica y adopción de la nueva cultura con permanencia del elemento indígena se intuye a través de la epigrafía donde nombres indígenas, del vasco arcaico conviven con la moda romana de dedicar aras y estelas conmemorativas.

Excavaciones arqueológicas y sondeos geomagnéticos indican dos procesos en la urbanización de Santa Criz en los que debió resultar imprescindible la adecuación a su característico espacio físico. En esta urbanización de Santa Criz no faltan el cardo (calle principal en dirección N-S) y el decumano que lo cruza perpendicularmente en dirección E-O. Ambos ejes articulan el diseño rectangular de cualquier urbe romana. En el espacio central que se crea en su intersección se ubicaba el Foro. Un edificio público flanquea por el lado occidental la plaza o foro, probable templo o basílica para administrar justicia. Capiteles de orden corintio y toscano y otros elementos arquitectónicos apuntan al Alto Imperio, a comienzos del cambio de Era (fin del siglo I a.C. o siglo I después de Cristo) e incluso a época ligeramente anterior, preimperial o tardo-republicana. Los radargramas de la prospección geomagnética confirman lo que las excavaciones han comenzado a desvelar: una trama urbana densa y compleja.

Capitel Corintio de Santa Criz

Capitel Corintio de Santa Criz

La civitas, como es obvio, tuvo que disponer además de construcciones privadas, domus, que nada tendrían que ver con las austeras viviendas indígenas. Adaptadas a la topografía del lugar, Estucos una serie de terrazas y escaleras facilitarían la comunicación de los diferentes niveles (vestíbulo, impluvium, dormitorios o cubicula, triclinium o comedor… y la zona de culto doméstico con el larario). A estas domus de los notables locales y a los edificios públicos erigidos alrededor del foro debieron pertenecer los numerosos fragmentos de estuco pintado (más de 6.000) recuperados durante las excavaciones. Sus variados motivos que permiten intuir zócalos en negro o en rojo pompeyano, con sus líneas blancas y ocres separando espacios pintados con motivos varios, denotan hasta qué punto el gusto romano llegó a este apartado lugar de Navarra.

La vida en una ciudad exigía agricultores y artesanos que trabajaran y habitaran en las villae en el primer caso y en insulae en el segundo caso. Las prospecciones llevadas a término por Pilar Sáez de Albéniz, María Rosario Mateo y Rosa María Armendáriz como paso preparatorio de su proyecto de investigación personal confirman la existencia de élites locales diseminadas en las villae que asumirían la explotación y administración del territorio circundante. Las villae de Araca Marcella, de Bizarretas, de La Venta o de Pisaldea, Valuriain y de El Soto son los testigos de esta organización. Las insulae detectadas en la zona llana, al sur del cerro, mediante prospección electromagnética, aparecen cerca de la necrópolis, separadas tan sólo por una calle o muro.

Entre las lápidas conmemorativas del lugar, una, está dedicada al dispensator publico Athenio que debió fallecer cuando ejercía su función. Por su cargo tal vez atendiera a los pagos de quienes explotaban el metal lo que avalaría la importancia minera del lugar. Se trata de una lápida encargada a un buen taller, por un lapidista experto, no por un artesano local, sino por alguien que conoce bien los códigos romanos.

La necesidad de utensilios de todo tipo en cerámica, madera o metal en la vida ordinaria así como de mano de obra para atender a las necesidades de los señores y cargos públicos exigiría la presencia de abundante población que viviría en régimen de clientela. Abundan las escorias de hierro localizadas en el transcurso de las excavaciones. Es fácil intuir tales necesidades por paralelos con otros centros similares. Sin duda, estudios posteriores acerca de la cultura material recuperada en Santa Criz ayudarán a conocer la actividad de comerciantes y artesanos que se movían alrededor de esta civitas.